DONDE LOS ELEFANTES GOBIERNAN.

El día que pisé por primera vez Elephant Sands, supe que tendría muchas historias que contar…

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Preciosa hembra bebiendo agua.

Mi trabajo como guía de safaris me ha dado la oportunidad de conocer lugares a los que tal vez como turista no hubiese conocido nunca. Sin embargo, adapté mi vida laboral a lo que realmente sentía que me hacía feliz; los viajes y las aventuras.

Elephant Sands es un gran espacio abierto de 16,000 hectáreas. La falta de vallas y la escasa población humana es lo que hace que Botswana en general, sea tan especial.

Está ubicado en el centro de los lugares más destacados de Botswana como Makgadikgadi, el delta del Okavango y el Parque Nacional Chobe. Por otro lado y por así decirlo, está a las puertas de las Cataratas Victoria y el Parque Nacional Hwange, en Zimbabwe.

Su principal atractivo y el motivo por el cual pasamos una noche allí, es la poza de agua que en época seca da vida al desierto del Kalahari, favoreciendo a los animales salvajes.

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Vista de los elefantes desde un Bungalow.

Hasta que comencé a trabajar en Botswana no conocía muy bien el comportamiento de los elefantes, y en ese aspecto les tenía temor. La idea de tener que enfrentarme a algún imprevisto, y estar cara a cara con un animal salvaje tan maravilloso, pero que puede llegar a pesar 7000 kilos me provocaba pavor.

Cuando llevas tanto tiempo escuchando historias y anécdotas sobre animales salvajes provenientes de la gente local, te das cuenta que los riesgos para alguien que trabaja constantemente en parques naturales, aumentan.

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Viajero disfrutando del paso de un elefante desde un Bungalow.

Tuve la suerte de conocer y trabajar con un guía de safaris en las expediciones al PN Moremi y al PN Chobe; Jhonny. Botswano de nacimiento, ha sido criado en un entorno de comunidades lindantes a los Parques Nacionales. Su pasión por el trabajo y su instinto natural para adaptarse al medio, sumado a una especial comunicación con el mamífero más grande del mundo son realmente admirables. Gracias a él y a los guías locales pude aprender a desenvolverme en estas áreas.

Reconozco que la cercanía física que Jhonny profesaba con los elefantes nunca me hizo sentir tranquila. Es hasta el día de hoy que cuando pienso en todas aquellas escenas que hemos vivido junto a mis grupos, se me eriza la piel. De alguna manera en momentos de desconcierto e imprevistos, los viajeros buscan complicidad y respuestas de confianza en quienes lideramos los grupos.

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Viajeros disfrutando de un elefante desde el bar.

Al llegar a Elephant Sands, no se puede describir con palabras el sentimiento que provoca estar a metros de estas criaturas salvajes. Todos los que han podido vivir esta experiencia la describen como fascinante y disfrutan incansablemente del entorno. Se emocionan, los admiran, hay quién los pinta, aunque la mayoría retrata cada movimiento con las cámaras o móviles…yo, simplemente observo el comportamiento social tan complejo pero fascinante…

Desde lejos se los ve venir sedientos, y es un placer expresarlo con alegría a quienes nos rodean, porque el corazón late fuerte cuando se acercan en grandes grupos y a toda prisa.

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A pasos de un Bungalow un grupo de elefantes se acerca a la poza.

Recuerdo el primer día que presencié este espectáculo. Una familia de elefantes incluidos dos jovenes y un bebé que se encontraban a seis metros de distancia permanecieron un largo rato bebiendo. El bebé se acomodaba entre las piernas de una hembra y jugaba con la trompa imitando los movimientos de la madre custodiado por todo el grupo.

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Grupo de hembras con crías en la poza.

A medida que baja el sol, se van acercando por diferentes senderos pasando entre los bungalows. El único objetivo es poder llegar a la poza a refrescarse. Los escarabajos negros zumban. Los turistas rocían repelente de insectos sobre las extremidades expuestas y observan hipnotizados el entorno.

Si durante la temporada lluviosa de Botswana  (de noviembre a abril), las pozas de agua alrededor de Elephant Sands están llenas, los animales frecuentan menos estas tierras. Por el contrario, en la época seca se sienten atraídos porque es la única poza de agua que queda  llena (de mayo a octubre). El abrevadero se mantiene diariamente gracias al trabajo (nada fácil) del personal del campamento.

Pero no solo hay elefantes. Personalmente, en varias ocasiones y junto a mis grupos hemos visto un leopardo, perros salvajes, búfalos, steenbok, hienas, leones, jirafas…Sin embargo, el mamífero terrestre mas grande del mundo es el que gobierna estas tierras…

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Preciosa imagen de un elefante que se acerca a la poza de agua desde el Kalahari.

Habiendo terminado el buffet de la cena, los viajeros se sientan en sillas de lona, ​​ramas de árboles caídos y suelo de concreto que rodea un fuego de leña abierto. Miran cada movimiento de los elefantes en la penumbra. Los sonidos son mas intensos. Un elefante más pequeño sopla y hace burbujas. Se escucha cada gota que cae, y todo huele a humedad.

Finalmente, con los estómagos llenos, los elefantes vuelven a la oscuridad que rodea el Lodge…

Una vez que todos los viajeros se retiran a los bungalows, el cocinero, el conductor y yo nos disponemos a andar unos 100 metros hasta nuestras chozas. Si lo sé, 100 metros no parece mucho recorrido, pero teniendo en cuenta que todo está oscuro excepto por el brillo que viene del bar y del comedor…

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Vista desde el bar a metros de los elefantes.

…Con un frontal en la cabeza caminamos sin hablar, solo escuchamos el sonido fuerte de nuestra respiración. Lo maravilloso de este lugar es que no hay vallas, y es así como el sentimiento de estar rodeados de animales salvajes se agudiza.

Los alrededores son aparentemente pacíficos, y te das cuenta de que estás viviendo un momento inquietante. La belleza del cielo austral nos persuade por momentos a apagar los frontales para poder contemplarlo mejor.

Una vez que llegamos a las chozas todo parece haber acabado bien. Nos despedimos entre risas y nos deseamos dormir bien. Pero la intranquilidad no cesa.

Uno asumiría que dormir entre elefantes infundiría un sentimiento agradable, que sería fácil contar ovejas o gacelas. Pero es todo lo contrario. Ser testigo de como la choza se mueve produce insomnio. Se rascan las pieles en los laterales de barro porque les produce placer, se comen el tejado de paja, o se entretienen con la trompa buscando agua que huelen desde el baño. Y entonces yo me pregunto: -“¿que hago aquí?”…

…Entonces llega el alba y nos volvemos a encontrar con una taza de café caliente entre las manos. Cada uno cuenta las anécdotas de la noche, y nos sentimos afortunados por haber vivido esta experiencia…

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Elefante macho deja la poza y se dirige al desierto.

Guadalupe González

 

 

 

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